El rodaje de ‘Double Play: James Benning And Richard Linklater’

El documental “Double Play: James Benning And Richard Linklater” forma parte de la colección “Cinéma, de notre temps” y está dirigido por Gabe Klinger. La película se ha presentado este mes de septiembre en la 70 edición de La Mostra de Venecia. Su autor nos descubre aquí detalles del rodaje del filme.  

 

Mi primer encuentro con Richard Linklater fue a través de su Dazed and Confused. La película fue de capital importancia para mí y mis compañeros de instituto. La banda sonora, que recupera piezas olvidadas de War y Foghat, sonó en nuestros equipos de música más que los hits de Dr. Dre, Nirvana y Mariah Carey de aquella época. Cuando la madre de un amigo me pilló robándole unos cigarrillos, le dije que Dazed and Confused me habían forzado a hacerlo. Incluso apodamos al tipo que nos vendía maría Slater, como el personaje fumeta que interpreta Rory Cochrane, y repetíamos su coletilla “Check ya later” ad nauseam.

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Supongo que todo chaval que creció en la primera mitad de los 90 siente algún tipo de complicidad con la película. Es más dulce y fácil de revisionar convulsivamente que lo que ofrecían Tarantino y Fincher, además de ser una película más trabajada y adulta que otras de adolescentes. Por supuesto, vimos y disfrutamos Clueless, pero nunca consideramos que ese fuera nuestro mundo. Yo estaba a punto de ir al instituto y Dazed and Confused era la película en la que quería vivir. No fue hasta mucho después, durante el último año de instituto, que me topé con Slacker en el Blockbuster de mi barrio. Aquella película fue una gran revelación y durante varios años el nombre de Richard Linklater supuso mucho para mí.

Al mismo tiempo (ya no puedo precisar el momento concreto) descubrí el cine experimental. En los pases de Warhol y Brakhage en Chicago, alguien me dijo que debía prestar atención a un cineasta estructural llamado James Benning. Vi su película de 2000 El Valley Centro y me aburrió hasta decir basta. En aquel entonces yo aún no estaba preparado para Benning. En 2004, cubrí como periodista el BAFICI y una noche salí con Sara Driver, Clark Walker, Sam Green, Ron Mann y un hombre de pelo blanquecino y de cara avejentada, que luego supe que era James Benning. Vi 10 Skies y 13 Lakes (ambas de 2004). Le escuché hablar. Un día íbamos por la calle y robó una papelera, que en Buenos Aires son blancas y encorvadas con forma de casco espacial, y se la puso en la cabeza. Recuerdo haber pensado: “Me gusta este tipo”.

Durante los siguientes diez años mantuvimos el contacto y nos vimos regularmente en diferentes acontecimientos cinéfilos. En Milwaukee, Jake Fuller, antiguo amigo del colegio de James, presentó su película Road Work, en la que se incluía una escena de James jugando a lanzarse la pelota con Richard Linklater. Me preguntaba cómo se habían conocido. A primera vista, parecían completamente opuestos. El tipo que había hecho 10 Skies, que se compone de diez tomas estáticas de nubes que desfilan por el cielo, y el que hizo School of Rock… ¿quién lo iba a decir? Resultó que Linklater era un gran fan de Benning y había puesto sus películas muchas veces a lo largo de los años en la Austin Film Society, cofundada por Linklater y en la que sigue involucrado como director artístico. También me enteré de que ambos directores fueron jugadores de béisbol. Las conexiones no acababan ahí. Mantenían una amistad fascinante que creí que se podría documentar de alguna manera.

baseball_benningA principios de este año se me ocurrió que podría tratar de juntarlos en el Festival de Berlín, donde Linklater tenía Before Midnight en competición y Benning presentaba en primicia Stemple Pass en el Forum. Linklater estaba demasiado ocupado con la promoción de su película por lo que no podía dedicar mucho tiempo a nuestro proyecto, pero sugirió que nos encontráramos los tres en abril en Austin para jugar a béisbol en su casa, y grabar alguna conversación. Cuando les dije a Benning y Linklater que deberíamos hacer una película de ese encuentro, se mostraron de acuerdo, y llevé mi idea a André S. Labarthe, cofundador de la serie francesa “Cinéma de nostre temps”. André me dijo que podía conseguirme un poco de dinero de sus contactos televisivos, por lo que seguí trabajando y me aseguré de conseguir presupuesto y de encontrar un equipo. Berndt Mader, responsable de Bear media, una productora afincada en Austin y que ha coproducido Prince Avalanche de David Gordon Green, fue una ayuda fundamental para mí, especialmente en lo que concierne a nuestra ajetreada agenda.

Durante los dos meses que siguieron a Berlín, mantuve al día a Benning y Linklater acerca de mis ideas. Benning viajaba mucho y no tenía teléfono móvil, así que la mayor parte de nuestra comunicación era a través del correo electrónico. Una de sus misivas era un simple: “Recuerda que soy un minimalista.” Me lo decía como respuesta a un correo con un plan riguroso de rodaje. Me sugirió que la película estuviese dividida en dos partes: la primera sería como un partido de béisbol; la segunda, una conversación sentados al estilo de My Dinner with Andre. Me dijo: “Como puedes ver, ya estoy haciendo de director de la película”. Me asustó pensar que no quisiera aceptar ninguno de mis planes. Linklater, en cambio, era mucho más receptivo a mis sugerencias de revisitar algunas de las viejas localizaciones de sus rodajes. Benning se opuso. “Las localizaciones del cine no son la vida real”, me dijo en un correo.

No entré en pánico. Mantenía conversaciones telefónicas con Linklater al menos una vez a la semana y eso me tranquilizaba. Ante cualquier tema su respuesta era: “Esto está bien, estoy de acuerdo con lo que James y tú queráis hacer”. Les sugerí hacer un partido de béisbol. “No tengo campo, –me dijo– pero podemos marcar unas bases”. Quería estar seguro de que todos íbamos a una. Una semana antes del rodaje, Berndt y su equipo estaban confirmando localizaciones y armando el plan de rodaje para crear un presupuesto final. Linklater había sido poco preciso y no se había comprometido a ningún calendario específico, y Benning era tan taciturno como es habitual en él. Mi mayor pesadilla era que ambos se desmarcaran y me quedara solo con mi equipo de 12 personas rodando la nada (algo que desde luego hubiese gustado a Benning). Además de todas estas preocupaciones logísticas, no me podía creer que fuese a dirigir a dos de mis directores favoritos. ¿Pensarían que yo era un buen director?

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La noche antes de rodar, Benning, Linklater, Berndt, Eduard Grau (director de fotografía), Steve McDougall (primer asistente de cámara), Chale Nafus (programador de la Austin Film Society) y yo nos fuimos de cena. Estábamos todos muy entusiasmados. Sin cámaras en la sala (aunque yo hubiese deseado que las hubiera habido) la conversación entre James and Rick empezó a conducirse en un sinfín de direcciones increíbles. Hablaban de béisbol, de la vida, de la creatividad, de sus momentos juntos en Austin a lo largo de los años… A las 9 de la mañana del día siguiente empezábamos a grabar y yo estaba ansioso. La primera localización era el Alamo Drafthouse, donde Linklater presentaría dos películas de Benning. Nuestro técnico de sonido, Justin Hennard, me dijo que por casualidad escuchó a Linklater decir que estaba nervioso por hablar en público. Ya me habían advertido que es un hombre tímido. No me lo podía creer, pero ahí estábamos: Linklater tenía miedo escénico. Afortunadamente se sobrepuso a ello, salió al escenario y presentó 13 Lakes. Benning salió a continuación, le dio a Linklater una palmadita en la espalda y dijo: “Es un buen tipo”.

Después de las proyecciones, Linklater nos sugirió la idea de conducir hasta Mount Bonnell, una colina bastante elevada que está junto al río Colorado, donde se filmó la escena final de Slacker. Benning nunca había estado allí y tenía curiosidad. Montamos una plano secuencia en trávelin con ellos dos subiendo arriba. La luz era asombrosamente perfecta y la conversación era animada y cercana, como esperábamos. En un momento, Eduard casi se tropieza con una piedra pero recuperó el equilibrio y continuó grabando. Yo acallé a un grupo de turistas brasileños que casi arruinan una parte de la toma. Una hora y media más tarde, sentía que habíamos conseguido nuestra primera escena importante. Mientras volvíamos a los coches, Benning gritó: “¡El talento tiene hambre!”. Las primeras doce horas de rodaje parecían una indicación de cómo iría el resto de nuestra aventura en Austin y mi nerviosismo empezó a reducirse. Al día siguiente, amaneceríamos en Bastrop, Texas, en el rancho que tiene Linklater en las afueras de la ciudad, y empezaríamos otra jornada de 12 horas de rodaje.

Benning y yo nos despertamos radiantes muy temprano. Buscamos a Linklater, quien había mencionado que estaría durmiendo en el sofá de su biblioteca. Era casi la hora de empezar a grabar y yo me preguntaba si debíamos despertarle. Me acerqué a la biblioteca con Benning, él abrió la puerta de vidrio de la entrada y gritó: “¡Eh Rick!”. Tan simple como eso. Linklater nos explicó que quería calentar un poco en la cancha de básquet. Ambos estuvieron tirando canastas mientras le daban vueltas a la relación entre el deporte y la realización de películas. La conversación era informal y superficial, pero ya tocaron algunos puntos importantes. Después, Linklater estuvo jugando a tenis con su máquina, y Benning, que no tenía ganas de sumarse, se ofreció voluntario para hacer de recogepelotas. Tras una hora, llegamos al acontecimiento principal: el béisbol. Ambos habían jugado y empezaron a recordar con cariño aquellos viejos tiempos. Entonces Linklater quiso encender la máquina de lanzar pelotas y practicar un poco. Benning prefirió quedarse fuera del campo para recoger las que iban altas. La mayoría de nuestro equipo llevaba consigo guantes de béisbol y se incorporaron al juego. Benning atrapó una pelota con la mano. Corriendo hacia otra, se distendió el tendón de la pierna y cayó de manera espectacular en el barro. Decidimos que era un buen momento de hacer una pausa y empezar a preparar nuestra siguiente escena.

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En el amplio porche de la cabaña de Linklater, planeamos cómo filmarles mientras compartían una larga comida tras el béisbol. Decidimos que estarían uno frente al otro para que fuese más natural, pero tampoco queríamos un planteamiento típico con el punto de vista por detrás de sus hombros. Les dije a nuestros operadores de cámara que fuesen inventivos y se movieran mucho. Benning y Linklater demostraron ser muy naturales. Mantuvieron la naturalidad durante una hora y diez minutos. Semanas antes Benning me había dicho: “Creo que me gustaría presionar un poco a Rick, provocarlo para que se deje de audiencias y haga la obra maestro de la que es capaz”. Solo interrumpí su conversación en un par de ocasiones para tratar de enfocar el tema. Algunos de los mejores y más profundos momentos surgieron durante la escena de la cabaña. Al final, Benning se salió con la suya y tuvo su momento a lo My Dinner with Andre. Cuando la conversación finalizó, mantuvimos las cámaras grabando mientras todo el equipo se les unía en la mesa.

El tercer día de rodaje se limitó prácticamente al aparcamiento del Austin Studios, donde la productora Detour Filmproduction de Linklater tiene sus oficinas. Linklater accedió a enseñarnos algunas escenas de Boyhood, película aún en producción y que lleva filmando casi 12 años con los mismos actores. Como se ha visto muy poco de la película, nos sentimos realmente afortunados. Benning se sentó como si fuese un entrevistador y el público potencial, mientras la montadora habitual de Linklater, Sandra Adair, pasaba a cámara rápida el material para localizar tomas importantes que enseñarnos. Fue genial tener a Adair allí, no solo por el honor que suponía su colaboración (ha estado trabajando con Linklater desde Dazed and Confused), sino también porque rompía un poco la dinámica de la película al incorporar a un tercer personaje. Linklater se mostraba preocupado por enseñarnos el material, y tener a Benning por allí no le hacía sentir más tranquilo. Solo nos enseñó unos segundos de Boyhood, un par de escenas me impactaron mucho y les dije a Linklater y Adair que tenía muchas ganas de ver la película acabada. Después, Benning me susurró al oído: “A mí me ha parecido un poco cursi”.

Absortos en el que sería nuestro último y posiblemente el más largo día de trabajo, Linklater pensó que era un buen momento para celebrar. Invitamos al equipo y a otra gente a comer. La mayoría de mi equipo local se había ido a dormir a casa, y tanto el director de fotografía como el primer asistente de cámara habían tomado sendos vuelos a Los Angeles. El equipo se había reducido y todos estábamos cansados, pero seguía siendo un momento de celebración. “Chicos, nos habéis hecho trabajar duro”, me dijo Linklater mientras comía queso a la parrilla. Benning sugirió que nos quedáramos cinco días más porque tenía la sensación de que justo había empezado a calentar motores. Linklater pronosticó que en pocos días estaría llamándoles para repetir algunas tomas. En el avión de vuelta a Chicago, empecé a arrepentirme. Ojalá hubiese tenido un primer plano del viejo guante de béisbol de Benning, el que usaba para coger la pelota en la película. Hasta ahora, he resistido todo impulso que me llevara a repetir. He aceptado la película como si fuese una cápsula del tiempo, con todos sus defectos. Los dos realizadores se conocieron hace un cuarto de siglo, y en otros 25 años Benning tendrá 95 y Linklater 77. Si por entonces aún seguimos aquí, intentaré conseguir mi primer plano de aquel guante de béisbol que usaba Benning en su infancia.

 

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Filmmaker magazine.

Traducción: Mónica Jordan Paredes

 

© Gabe Klinger, mayo de 2013