Post Tenebras Lux

¿Qué es la post-ilustración?

 

Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo.”

Imannuel Kant, ¿Qué es la Ilustración? (1)

 

Y al principio fue la repetición anaclítica. Como en Luz silenciosa (07), Carlos Reygadas repite en Post Tenebras Lux el gesto de querer filmar la luz del crepúsculo (como han hecho de manera hermosa Ben Russell y Ben Rivers al comienzo de su último trabajo in progress), allí a través de las ramas desnudas de un árbol, aquí en torno a una niña rodeada de animales salvajes que pacen en un húmedo valle neblinoso, con una imagen licuefacta (un efecto de post-producción) que caracteriza la estética de la película: una primera secuencia que anuncia la condena al hermetismo críptico propio del director mejicano y de este su último film hasta la fecha, además de mostrar un risible fetichismo tarkovskiano. La obra de Reygadas, con un mullido acomodo en el nicho de los festivales internacionales, es un claro ejemplo de ciertas postrimerías trascendentalistas adoptadas por el cine contemporáneo. Sin entrar en un análisis a la Schrader en torno al “cine post-trascendental”, podríamos ubicar fácilmente una oposición entre, pongamos, la trascendencia de un Lisandro Alonso frente a la de Reygadas, y extrapolarla a la producción nacional en un (no imaginario sino posible) antagonismo Rosales vs Serra. Este supuesto trascendentalismo postista se aleja de la contemplación teórica de aquel, de su paroxismo anonadado, para caer en el efecto y el gran tema. Post Tenebras Lux es el último giro de efecto y su Gran Tema es el Capitalismo. Se trata, si se sigue la metáfora planteada en el título y en el inicio crepuscular y beodo, de un capitalismo con receta mejicana.

post tenebras devil

Como representante de un cine post-post-moderno, el del postista Reygadas va allende el consabido pastiche y la parataxia, síntomas de “la condena a lo fragmentario”, para adentrarse en el iluminismo y la todología (en una aberrante disposición de eso que en alguna ocasión llamáramos “lo requetemoderno” (lo mío también es la repetición anaclítica)), un lugar no señero del ocupado actualmente por Adalides de la Luz y el Pequeño Relato como Terrence Malick o Lars Von Trier. Ellos podrían ser aquellos “sectarios de Mammon, dios de la Providencia y la Armonía automática” (2), compañero de andanzas de Satán por el Paraíso Perdido de Milton, representado en Post Tenebras Lux por ese demonio rojo portando una caja de herramientas que se introduce en slow-motion vontrierano en las casas de la gente, y que no es sino un trasunto, mal disimulado, del propio y mammónico Reygadas. Alexander Kluge aseveraba que “el argumento es el diablo en el cine”. Reygadas, que es el diablo en el cine, como ha quedado demoniostrado, plantea argumentos que no quieren serlo, muy malickianamente. Tras la perversa Japón (02) y la punible Batalla en el cielo (05), cuyos relatos de la desolación aunque malrollistas eran diáfanos, la obra de Reygadas se ha tornado opaca y obscura, crepuscular. Casi diabólica. Como el capitalismo.

Una miríada de películas han tratado, en los últimos tiempos de radiografiar el tardo-capitalismo y su época crítica (no concretamente en el Atlántida Film Fest, más un acontecimiento de exhibición que algo así como un “programa” festivalero), corriente a la que se adscribe metafóricamente Post Tenebras Lux, más cerca de Cronenberg que de Costa-Gavras. El intento fílmico de Reygadas por iluminar las esencias de lo que sea el Capitalismo Crepuscular (ese resultado de la dialéctica de la Ilustración y la ideología del propio interés ínsita en el (neo/post)liberalismo), consiste en ilustrar, muy precisamente y casi de manera literal, el factum de Adam Smith expuesto en La mano invisible: “Confiamos plenamente en que la libertad comercial, sin atención alguna del Gobierno, nos proporcione siempre el vino que necesitemos; e igualmente confiamos en que siempre nos proporcione todo el oro y la plata que podamos perm… (…)” (3)

Post-Tenebras-Lux Reygadas 2

Como post-neoliberal y sectario de Mammon, Reygadas se nos aparece como un Moralista Meapilas Recalcitrante, iluminado más que luminoso: la peor versión del maestro severo kantiano o del Licenciado en Derecho con Ínfulas Metafísicas. Su estudio cuasi-religioso de la economía redunda en esa visión infantil de la que el propio Kant autoinculpara a la Humanidad entera, ofreciendo un (fragmentario, picnolépsico y requetemoderno) sacrificio fílmico de lo social y humano con maltrato animal, homicidio y capitidisminución incluidas como golpes de efecto para comentar a la salida (recuerden el “¿viste cuando la Gainsbourg le corta la polla a William Defoe?”). Muerte y decapitación de la burguesía y la clase obrera respectivamente, claro está, para espectáculo del Otro: los ricos (como en la película, con “complejo del millonario Pierre” que quiere dejar de serlo), los pobres (“la masa informe” de Marx) y el Gran Otro (los turistas: los cerdos franceses, los salvajes ingleses, los italianos maricones). Como los “niños que se divierten y divertirán hasta que todo explote” de que nos habla el capitalista ultracínico que protagoniza el film de Costa-Gavras El capital (Le capital, 12), o como “la madera tan retorcida con la que está hecho el hombre, que no puede tallarse nada recto” (4) , con la que está hecho El árbol de la vida (11) de Terrence Malick, aquí y ahora caído varias veces en Post Tenebras Lux, justo antes de la Final Solución y el restablecimiento de la Armonía Automática: así ve patertenebrae a la Humanidad, como niños atolondrados, como árboles retorcidos que se desploman.

El Capital, nos dice el post-neoliberal y adulto Reygadas, lejos de la crítica naif de Costa-Gavras o de la mística-frente-a-el-capital de Malick, se autorregula monadológicamente, mientras su mano invisible dispone (la del Capital de Smith y el Cine de Reygadas), haciendo que unos se asesinen entre otros muy homeostáticamente, cortando la cabezas de aquellos, talando árboles y hombres retorcidos (básicamente, el hombre según Reygadas: ese animal, “algo más que una máquina”, borracho y pornófilo), y regándolo todo con ese vino -el argumento- que aún y toda-vía confiamos plenamente con que se nos proporcione. El capital, el diablo con su máquina de herramientas, Carlos Reygadas con su cabeza de demiurgo, continúa su camino, mientras su cantinela moral parece seguir parafraseando kantianadas: “Sin embargo, es de suma importancia el estar satisfecho con la Providencia (aunque nos haya trazado un camino tan penoso sobre la tierra).” (5)

Post-Tenebras-Lux Reygadas

Penoso camino que, en este caso particular, consiste en extender la Post-Nueva Buena del Mensaje Capital por cuantos festivales cinematográficos se precien (y paguen): “¡Es la economía, estúpido!” Y es, esa “ciencia de los intereses apasionados”, como el propio Reygadas, más lista que nosotros.

Más madera, más cabezas: the post-show must go on.

 separador

(1)  Kant, Immanuel, ¿Qué es la Ilustración?, ed. Alianza, Madrid, 2004, pág. 83

(2) Latour, Bruno, La economía, ciencia de los intereses apasionados. Introducción a la antropología económica de Gabriel Tarde, ed. Manantial, Buenos Aires, 2008, pág. 16

(3) Smith, Adam, La mano invisible, ed. Taurus, Madrid, 2012, pág. 3

(4) Kant, Immanuel, op. Cit., pág. 10

(5) Kant, Immanuel, op. Cit., pág. 174