Vestida para matar

Cinema plays itself: Zizek & De Palma

 


 

I. Como no puede ser de otro modo tratándose de una obra de Brian De Palma, Vestida para matar es un filme que se construye en torno a la mirada, un filme donde todo se resuelve como en una partida, a vida o muerte, entre alguien que observa y alguien que es observado. El ojo es retratado aquí como el más vital de los órganos, a su alrededor gira toda la acción y sobre él se sustentan las deslumbrantes set pieces diseñadas por el director. Ventanas, prismáticos, pantallas, rendijas y espejos son elementos que, en manos de De Palma, se convierten en prolongaciones de la mirada y en instrumentos que nos hablan de la naturaleza escópica del cine.

En The pervert’s guide of cinema Slavoj Zizek apunta que “el cine es el arte más perverso de todos ya que no te da lo que deseas pero te dice cómo desearlo”. Durante el  desenlace de Vestida para matar De Palma ensaya algo que puede leerse como una osada demostración de esta sentencia. Nos encontramos en el psiquiátrico donde Elliot ha sido recluido. Tras estrangular a la enfermera, el asesino, que padece un trastorno de identidad sexual, comienza a vestirse con la ropa de ella. Todo esto es observado por un grupo de enfermos visiblemente excitados. De Palma introduce un plano cenital y aleja la cámara gradualmente hasta alcanzar una altura desde donde la escena toma la forma de una desbordante split screen. El techo de cristal se ha convertido en una gigantesca pantalla y los pacientes del centro parecen ahora espectadores que contemplan a un hombre en el proceso de hacer realidad su(s) fantasía(s).

 

II. Vestida para matar es también un filme sobre las fantasías de una víctima y de su asesino, un filme que funciona como claro exponente de la relación entre Eros y Tánatos. Al final de esta secuencia descubriremos que lo que estamos viendo es un sueño de Liz, una mujer que ha mirado a la muerte a los ojos en varias ocasiones. Testigo accidental del asesinato de Kate sus pesquisas la convertirán en víctima del mismo asesino. El modo en que De Palma filma el cruce de miradas entre ambas durante la escena del ascensor ya anuncia a Liz como única sustituta de la muerta: depositaria de su historia, posible heredera de su destino. Pero Liz será rescatada in extremis antes de que Elliot consiga darle muerte.

El inicio de Vestida para matar tiene lugar en un baño, escenario de una fantasía sexual de Kate. La segunda parte de esta última secuencia sucede en el mismo lugar. En ella el espejo juega un papel crucial pues, por segunda vez, permite a Liz observar al asesino. Sin embargo, en esta ocasión, será una mano que saldrá de detrás del espejo (único lugar que escapa completamente a su campo de visión) la que terminará seccionando el cuello de la chica. Es, de nuevo, Zizek quien dice que “cuando la fantasía se hace real lo que tenemos es la pesadilla”. El desenlace de Vestida para matar se erige también en el punto final de este desplazamiento de la fantasía.

© Cristina Álvarez López, agosto de 2009