Fritz Lang y Goebbels

La ficción como (re)construcción autobiográfica

 

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Durante los años veinte y principios de los treinta, cuando era considerado el director más importante de Alemania, Fritz Lang era esencialmente un personaje apolítico, demasiado interesado en su cine como para preocuparse por la convulsa situación del país y del surgimiento del nazismo. Es más, mucho tiempo después se ha especulado incluso sobre la posibilidad de que el director tuviera inicialmente cierta simpatía hacia el nazismo (1). Puede que se hubiera dejado influenciar por su esposa, la guionista Thea Von Harbou, seguidora convencida de las directrices del partido, o que simplemente se hubiera dejado arrastrar como muchos otros por la corriente. Pero, en todo caso, el Lang de los años veinte difícilmente encaja con el perfil de alguien concienciado políticamente, y no son pocos los historiadores que creen que el motivo real por el que acabó dejando Alemania fue el temor hacia su poca pureza racial, al tener sangre judía por parte de su familia materna.

En todo caso, Lang llegó a Estados Unidos en condición de refugiado político y fue entonces cuando empezó a mostrar abiertamente tendencias políticas en su cine (2). Casualmente o no, la primera vez que explicó la famosa anécdota de Goebbels fue en esas fechas (3). Puede que en el fondo la intención de Lang fuera reafirmar su condición de exiliado huido del horror nazi, en vez de la prosaica realidad: su traslado a París fue paulatino y después de haber conseguido un contrato con el productor Erich Pommer.

Difícilmente un magistral narrador de historias como Lang podía pasar por alto la importancia que tenía el relato que construyera sobre su propio pasado. De modo que para situarse él como protagonista de una nueva historia, decidió recurrir al mismo género del que se había servido en su cine: el suspense. También utilizó, quizá de forma inconsciente, los mismos temas y detalles recurrentes de sus películas, tal y como se refleja en este videoensayo que ilustra la narración de Lang con escenas de sus películas. De esta forma, el director se sirvió de los recursos que empleaba en su cine para moldear su pasado, haciendo de aquel periodo convulso de su vida otra narración de suspense. Así, vida y ficción se acaban confundiendo por completo hasta el punto de que uno no sabe si esos elementos de sus películas están inspirados en vivencias y temores reales que pudo haber experimentado en aquellos años o si, en realidad, esos elementos son los que alimentaron un relato totalmente ficcionado.

 

© Guillermo Triguero, junio 2016

 

 

(1) MCGILLIGAN, Patrick: The Nature of the Beast (New York: St. Martin’s Press, 1997). Pág. 157.

(2) Su primera película antinazi, El hombre atrapado (Man Hunt, 1941), se realizó cuando Estados Unidos oficialmente todavía era neutral ante el conflicto europeo y, por tanto, iba a contracorriente respecto a la posición oficial del gobierno y la opinión de buena parte de la población americana

(3) Referencia de la cita (1). Página 178.

 

 

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Fritz Lang and Goebbels

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Fiction as an autobiographical (re)construction

 

 

During the twenties and thirties, when Fritz Lang was regarded the most important filmmaker in Germany, he was essentially an apolitical man, too interested in his movies to worry about the tumultuous situation of his country and the rising of Nazism. What’s more, some time later it was speculated that the director initially might have felt a certain sympathy for Nazism (1). He could have been influenced by his wife, scriptwriter Thea Von Harbou, devoted follower of the Nazi Party guidelines. Or perhaps he simply let himself be dragged like many others did. In any case, in the twenties he could hardly fit the profile of a politically aware person, and some historians even think that the real reason why he left Germany was the fear for his racial impurity, provided that he had Jewish ancestors on his mother’s side.

Anyway, Lang reached the U.S.A. as a political refugee and it was then when he began to show some political messages in his movies (2). It was by chance (or maybe not) that during this period he explained the famous Goebbels story for the first time (3). Perhaps Lang’s intention was to reinforce his condition of exile who has run away from the Nazi horror as opposed to the mundane reality: his moving to Paris was gradual and only took place after he signed a contract with producer Erich Pommer.

An excellent story-teller like Lang could hardly overlook the importance of the account he would compose about his own past. Therefore, in order to place himself as the main character of a new story, he decided to resort to the same genre he used in his movies: suspense. He also used, perhaps in an unconscious way, the same themes and details that often appear on his films. This video essay illustrates Lang’s narration with scenes from his movies. This way, the filmmaker made use of the resources he applied in his films in order to shape his past, thus transforming that tumultuous period of his life into another suspense story. As a result, life and fiction intertwine completely, to the extent that we don’t know if the elements from his pictures are inspired in real experiences and fears that he might have dealt with during those years, or if those elements actually nourished a completely fictionalized story.

 

© Guillermo Triguero, June 2016

 

 

(1) MCGILLIGAN, Patrick: The Nature of the Beast (New York: St. Martin’s Press, 1997). Page 157.

(2) His first anti-Nazi film, Man Hunt (1941), was released when the U.S.A were still officially neutral and, therefore, the movie was against the official position of the government and the opinion of most of the American population.

(3) Quote (1). Page 178.