Entrevista a Peter Hutton

 “Expando el tiempo para que el espectador observe”

 

Peter Hutton (1944, Detroit) ha sido objeto de una extensa retrospectiva en la VII edición del festival Documenta Madrid. Es ante todo un observador entregado de la realidad que le rodea. Sus películas mudas, que le emparentan directamente con la tradición paisajística de su país natal, dan fe de ello. En la azotea del Reina Sofía (MNCARS), atiende tímido a los periodistas, casi molesto por usar las palabras, pues en imágenes se expresa el poeta del mar.

1. Antes de lanzarse a hacer cine, fue fotógrafo y pintor. ¿Cómo ha influido eso en su obra? ¿Qué diferencias existen entre tomar una instantánea y un plano en movimiento?

Hay que darle al espectador tiempo para que observe los detalles, sobre todo en el paisaje. Como pintor, un gran placer para mí consistía en dedicarle tiempo y atención a la obra, observarla durante horas. Cada vez me gusta más expandir el tiempo en las películas para que el espectador tenga la oportunidad de observar bien lo que está en el encuadre. Es interesante, porque para mucha gente el cine es una experiencia manipulativa y la pintura, observacional, así que yo intento llevar esa aproximación al cine. No se trata de manipular, sino de comprometerse.


2. Su cine recuerda a fotógrafos como Paul Strand o Ralph W. Emerson. Resulta curioso que, como usted dice, quiera llevar el cine a la retaguardia ¿Podría explicarlo?

Es importante tener un amplio abanico de influencias y las mías vienen de la pintura, de la fotografía e incluso de la escultura. Recuerdo una estatua de Venus que me influenció mucho por su forma de relacionarse con el espacio. Muchos cineastas no tienen un pensamiento tridimensional, sino plano, y a mí me gusta esa idea de la perspectiva renacentista. Por eso creo que mi cine va hacia atrás, sobre todo en esta relación con el espacio.

3. ¿Por qué, después de haber hecho retratos de ciudades como Nueva York, decide entregarse por completo a los ríos y mares que tanto ha recorrido en filmes como At Sea (2007)?

El mar es un gran misterio. Todo el mundo viaja en tren o avión y se están perdiendo esa experiencia. Pensé que sería interesante retomar esa idea y llevar a la gente de viaje, quizás educar al público sobre lo que es un barco, cómo nace y qué le ocurre al final de su vida. At Sea es un filme narrativo, lo que es raro en mí. Narra el nacimiento, vida y muerte de un carguero moderno.

Vivimos en un mundo muy tecnificado, con todos esos aparatos que vienen en contenedores de China o de donde sea, y no pensamos habitualmente en este proceso, en este mundo del transporte. Volver a esto era un poco deconstruir el mundo en el que vivimos. La película es interesante porque comienza en esta fábrica tan tecnificada y acaba en un paisaje preindustrial, con la gente destartalando el barco. Es irónico.

4. Cada vez parece estar menos interesado en la gente. ¿Por qué?

La gente es muy complicada para mí. Tienen sus historias y yo me siento muchas veces fuera de ellas, y eso que me involucro mucho. Es lo más habitual en el cine, pero yo prefiero prestar atención al ambiente y observar lo que nos rodea. Hacer filmes mudos es una declaración de intenciones. Prefiero sentarme y observar a hablar de cosas. Es irónico que lo esté haciendo ahora [ríe nerviosamente].

La verdad es que hablamos normalmente del primer cine como mudo y rara vez lo era. Casi siempre se acompañaba de música, bien con un piano o con algún instrumento más. Mostrar hoy filmes mudos es muy interesante. La gente está muy incómoda sin el sonido. Es tan común tener un sonido que marque en cierto modo el ritmo…

Hay dos razones por las que hago películas mudas. La primera es que, cuando era estudiante, pensé que de este modo me sería posible económicamente hacerlas. La segunda es que la gente presta más atención. Pero es imposible conseguir el silencio, siempre hay ruido. El mundo está lleno de él. Es extraordinario.


5. También estaba condicionado a usar blanco y negro en sus inicios por cuestiones económicas, pero luego ha hecho trabajos en color. ¿Hay en esto una decisión artística o es un elemento meramente presupuestario?

Trabajé en blanco y negro muchos años porque era barato, pero también porque extrae la realidad de un modo impresionante. Cuando era joven, los precios de la película en color eran prohibitivos. Además, en los sesenta, cuando empecé en esto, todo el mundo lo hacía. Era un rollo psicodélico, con drogas y todo eso. Todo el mundo experimentaba con su lado más sensorial.

Pensé que sería interesante volver al blanco y negro, comenzar con un lenguaje más simple e ir construyendo desde ahí una apreciación hacia el color. Ahora, llevo años usándolo, pero aún me gusta el blanco y negro.

6. Sin embargo, aún no se ha subido al carro de la alta definición. ¿Qué posibilidades cree que da la nueva tecnología?

Me gusta el celuloide. Empecé con él y le tengo aprecio, pero quizás algún día acabe filmando en alta definición. No me importa, es como ser un pintor, usar óleo y pasarse al acrílico porque es más rápido y fácil.

Es similar. El digital está sustituyendo a la película. Mi generación se enamoró del celuloide por sus valores estéticos. Además, cuando llegó la HD su uso era muy frío y de muy baja calidad, pero ahora esa frontera ya casi no existe, así que supongo que acabaré usando el digital y ni me enteraré.

Esta discusión es un poco estéril y solo se habla de esto entre artistas y cineastas. Al 95% de la población no le importa. Al final lo que quieres es trabajar y si el digital es más asequible, por ahí van a tirar la mayoría de los cineastas, incluso si hay algo menos predecible en la película, porque cada una que revelas es distinta. El proceso fotoquímico es más misterioso.

7. ¿Qué va a hacer ahora?

 Trabajo en un filme que se llamara Three Landscapes. Aun no tiene título, en realidad, pero son tres paisajes diferentes. Uno es Detroit, donde nací, un lugar muy obrero e industrial; el otro es en Etiopía, en un desierto de sal, con caravanas de camellos que llegan para las cosechas de la zona; y la tercera es un estudio de un paisaje agrario en Cuba. Así que es un filme en tres partes que no casan necesariamente bien juntas, sino que buscan el contraste.