‘Caravana de mujeres’ / ‘Meek’s Cutoff’

Paciencia y Gloria

Es engañoso pensar que existe un cine de hombres y uno de mujeres, cuando menos esa impresión queda al ver películas de cineastas que no ostentan tales consideraciones como prioritarias al momento de filmar. En varios filmes de Kelly Reichardt hay una travesía constante encabezada por mujeres, pero más allá de la conciencia de género que se percibe en Certain Women (2016), Meek’s Cutoff (2010), Wendy and Lucy (2008) o River of Grass (1994), lo que pesa es una mirada personal y comprometida de la directora con la resiliencia de sus personajes, sin que se imponga un determinado discurso sociopolítico sobre el papel de la mujer en la sociedad, tan común en ciertas producciones cinematográficas contemporáneas. Reichardt piensa y filma tomando mayor consideración por el tiempo en su dimensión física y espacial que narrativa; es decir, el tiempo es lo que hace avanzar sus películas y no los eventos que, aunque escasos, tienen un peso sensible en el desarrollo de las mismas.

 

Esta conciencia del tiempo no está sujeta exclusivamente a un cine que podamos llamar contemporáneo, como el de Reichardt, sino que es una cualidad identificable también en los westerns de cineastas como William Wellman, quien en películas como Incidente en Ox-Bow (The Ox-Bow Incident, 1942) o Caravana de mujeres (Westward the Women, 1951) demostró que la temporalidad y la duración existen más allá del plano, pues el tiempo se estructura en la tensión latente entre la espera y el suceso del evento. Bien es cierto que Reichardt enfatiza, a través del depurado formalismo de Meek’s Cutoff, aspectos que solamente se intuyen en la estructura clásica de Caravana de mujeres, pero ambas películas comparten, pese a sus diferencias, un trayecto temporal y físico en un espacio que ostenta la promesa de la prosperidad doméstica asociada al establecimiento de la familia.

Los recorridos filmados en Meek’s Cutoff y Caravana de mujeres se ocupan de los personajes femeninos desde una perspectiva que se aleja de estereotipos tradicionales y que está mucho más interesada en el vigor y la dureza necesarias para sobrevivir en condiciones adversas. Mientras, en la película de Reichardt, esas cualidades no se ven restringidas a un género, en la de Wellman el personaje interpretado por Robert Taylor pretende curtir a las mujeres para que puedan llegar a su destino, casarse con los hombres solteros de un pueblo y poder repoblar. Ante esta perspectiva, las protagonistas de Caravana de mujeres rebasan su condición de ganado gracias a la virtud de la resistencia. En Meek’s Cutoff, en cambio, las mujeres se empoderan a través de la paciencia, una virtud que refrenda los vínculos existentes entre las dos películas.

En Caravana de mujeres, la extraordinaria actriz de carácter Hope Emerson interpreta a una colosal mujer llamada Patience, quien porta fresca un vestido y sombrero negro en pleno desierto, no como un signo de luto sino como uno de resistencia y curioso arrojo. De todo el grupo de mujeres que integran la película de Wellman, ella es curiosamente la más impaciente e impulsiva, pero al mismo tiempo, por su torrencial fuerza física y moral, ejerce una autoridad que reconfigura lo que su nombre representa. La paciencia deja de ser asociada a la pasividad y la sumisión, orientándose más bien a descubrir la sensibilidad de la rudeza misma. Patience es una figura representativa y la más llamativa del ensamble femenino de la película de Wellman, particularmente por la forma de enfrentar las adversidades y la desmitificación de la resistencia física como un atributo exclusivamente masculino en el western, ampliando con renovado brío lo que John Ford ya había sembrado con la infatigable mujer embarazada a la que daba vida Louise Platt en La diligencia (Stagecoach, 1939).

La colosal presencia de una actriz como Emerson, así como de todo el elenco femenino de la película de Wellman, establece un contraste evidente con la mesura y serenidad de las intérpretes de la película de Reichardt: Michelle Williams, Zoe Kazan y, particularmente, la taciturna presencia de Shirley Henderson en el papel de Glory, nombre que resulta irónico dado que es la que aparenta ser más frágil y aquella en la que el cansancio es más palpable. Su lánguido rostro, así como su tenue y quebradiza voz, dan cuenta del peso que la promesa implícita en ambas películas implica para el cuerpo. En ese sentido, resulta alentador imaginar que un personaje como Patience cuidaría a Glory (la única madre de la película de Reichardt) tal como lo hace de la Señora Moroni (Renata Vanni), una inmigrante italiana que pierde a su hijo durante la práctica de tiro en la película de Wellman. No sabemos mucho más de Glory que lo que su semblante es capaz de relatarnos, como las otras mujeres del filme de Reichardt, que al igual que las de la película de Wellman esperan pacientemente la llegada de una sencilla gloria: el asentamiento.

¿Qué buscan estos personajes femeninos? En Meek’s Cutoff y Caravana de mujeres, el final del trayecto funge como una suerte de falso edén, representado por un árbol seco en la película de Reichardt y por el matrimonio colectivo de la película de Wellman. El asentamiento sedentario de hombres y mujeres es parte fundamental de lo que cimienta la conquista del Oeste, conquista que usa el caos y la destrucción como principios rectores, tal como lo enuncia el misterioso Steven Meek (Bruce Greenwood) concisamente en el filme de la directora estadounidense:

Las mujeres están creadas bajo el principio del caos.
El caos de la creación, desorden trayendo nuevas cosas al mundo…
Los hombres, están creados bajo el principio de destrucción…
Como una purga, orden y destrucción…
Caos y destrucción, como siempre ha sido…

La visión del mundo prometida por el Destino Manifiesto ofrece una ruta hacia la gloria misma, sostenida principalmente sobre el agotamiento y la extenuación física más extrema. En la visión tradicional, el cuerpo resistente es el que protege al débil, pero tal distinción se desmorona tanto en Caravana de mujeres como en Meek’s Cutoff por el peso del tiempo y su incidencia sobre los cuerpos.

Después de que el grupo de hombres que escoltaba a las mujeres en la película de Wellman decida abandonarlas, Buck Wyatt (Robert Taylor) reconoce que no podrá llegar a su destino y que para hacerlo deberá “hacer hombres de estas mujeres”, afirmando tajantemente que las “trabajará” hasta que sean “piel, hueso y músculo”. El énfasis en la fisicalidad a la que hace alusión el personaje masculino encuentra una resonancia clara en Meek’s Cutoff, pero no desde el vigor sino desde un estado que le sucede: la fatiga. En su libro Rehacer los géneros, Katarzyna Paskiewicz (1)↓ hace un comprehensivo análisis de la película de Reichardt en el que enfatiza el carácter inherentemente físico de la experiencia de las mujeres en este western. Paskiewicz alude al “afecto de agotamiento” de Elena Gorfinkel en el que la fuerza corporal se ve afectada por el peso, la gravedad y la fuerza de su movilidad o inmovilidad.

Los cuerpos femeninos, tanto los de Reichardt como los de Wellman, se ven sometidos a la enduración, un concepto que la misma Gorfinkel usa para referirse a una persistencia corporal, el aguante físico y la angustia del agotamiento temporal y físico. El cansancio de las mujeres de ambas películas se vuelve la fuente de su vigor. En ese sentido, Gorfinkel también dice que la fatiga proporciona una serie de potencialidades antagonistas como actividad e inactividad, desplazamiento e inercia o palabra y silencio.

Las protagonistas de Caravana de mujeres atraviesan por ataques de grupos hostiles nativos americanos, problemas con sus carretas, muertes, sed y hambre que en lugar de paralizarlas parecen darles una extraordinaria fuerza. Pudiera parecer que las mujeres de Meek’s Cutoff no atraviesan tantas vejaciones como las otras, pero ellas sufren el peso del tiempo físico; es decir, se ven agobiadas por la duración mientras que las de Wellman se ven agobiadas por la acción. Sin embargo, su encuentro, tal y como proponemos en nuestro vídeoensayo, se da en el cansancio, la manifestación más física de la paciencia, cuyo fin es tan elusivo como un sombrero al vuelo en pleno desierto.

 

© Jorge Negrete, junio de 2021

 

(1)↑ PASZKIEWICZ, Katarzyna; Rehacer los géneros: Mujeres cineastas dentro y fuera de Hollywood, Icaria Editorial, 2017