Entrevista a la compositora y cineasta Anahit Simonian
“Si tuviéramos más silencio en el mundo, todo se arreglaría”

Foto: Óscar Fernández Orengo
Anahit Simonian es la compositora de la música original de Historias del buen valle (2025) y Emergency Exit (2025), los últimos largometrajes de José Luis Guerin y Lluís Miñarro, respectivamente. Es autora también de multitud de bandas sonoras de films de Bertrand Tavernier, Isaki Lacuesta, Celia Rico o Meritxell Colell, entre otros, y directora de L’ABCDaire de l’amoureuse d’un photographe (2017), Florecita (2021) y La Source (2022). Actualmente trabaja en la realización de su primer largometraje. Este mes de abril, Simonian protagoniza el ciclo “Els passos dobles” de la Filmoteca de Catalunya, en el que se proyectará su obra y una selección de títulos escogidos por la propia cineasta.
¿Cómo pasaste de componer música a filmar imágenes?
Cuando tenía cinco años y la gente me preguntaba qué quería ser de mayor, siempre decía que quería ser directora de cine. Escribo historias desde pequeña. Como mis padres son músicos, yo tenía facilidad para la música, era un terreno muy cómodo para mí. Fui por ahí y no me arrepiento en absoluto, pero en un momento dado, necesité tomar también otro camino. Cuando empecé a hacer bandas sonoras, mis amigos cineastas me invitaban a menudo a asistir al montaje de sus películas porque decían que yo entendía lo que funcionaba y lo que no. Tengo facilidad para el montaje. Soy buena percibiendo los ritmos. Y, cuando nació mi hijo, sentí una fuerza interna increíble, necesitaba contarle algo. De ahí surgió L’ABCDaire de l’amoureuse d’un photographe, que empecé a filmar en 2014. Experimenté entonces la euforia de alguien que llega a una isla maravillosa que nadie ha visto nunca. A la vez, me pareció un terreno muy mío donde podía contar cosas que no podía explicar a través de la música.
¿Cómo se produce la fusión entre música e imagen en tus películas? Tu montaje sugiere una presencia muy física del sonido, hay una especie de diálogo entre ambos elementos. ¿Te ha influenciado el cine experimental?
Al estar navegando entre esos dos elementos, siento el poder del sonido -no solo de la música- y busco un tipo de alquimia. En el cine experimental, se ha trabajado mucho en eso. Y hay películas mudas, como las de Maya Deren, que para mí son muy sonoras porque tienen ritmo. Mis influencias vienen de ahí, sí, pero también de muchas otras cosas. Nuestras inspiraciones son tan múltiples… Caminas por la calle y ves a una persona tocando música a la vez que pasan unos pájaros y se ríe un niño: eso puede ser una fuente de inspiración que dure un par de años. [Ríe]
En tus películas, la presencia de tu propia voz en off acompaña imágenes, fotos, música… ¿Está ya en el momento de escribir el guion?
Depende del proyecto. El ABCDaire y la Florecita son cartas de amor a mi pareja y a mi hijo; y una carta de amor se escribe o se pronuncia. También creo que las personas tenemos varias capas, unas más sinceras que otras, y mi voz soy yo. Si realmente quiero abrirme, ha de ser a través de la voz. Pero no voy a hacer todas las películas así. En La Source, por ejemplo, no quise hablar; y, en el largometraje que estoy preparando, habrá solo dos pasajes con mi voz en off. Prefiero dejar más espacio a los demás.

«L’ABCDaire de l’amoureuse d’un photographe» (2017), de Anahit Simonian
También parece importante el papel de los silencios.
Sí, y si hay una cosa que nos hace mucha falta en el mundo, es el silencio. Hay un tipo de sintonía entre las personas que sólo puede ser silenciosa. En los rodajes, siempre pido unos diez minutos de silencio en común antes de empezar: escuchar el grupo en silencio antes de crear algo. Si tuviéramos más silencio en el mundo, todo se arreglaría.
El onirismo tiene un peso central en tu cine. ¿Qué lugar ocupa en el proceso creativo?
Duermo mucho y vivo mucho en mis sueños. Y, en los sueños, a menudo viajo a otros lugares, otros mundos donde me siento muchas veces más feliz que en la vida real. Son realmente vivencias; para mí, las realidades se mezclan mucho. La frontera entre el sueño y lo que llamamos realidad está muy diluida. Esa frontera me fascina.
En ese sentido, el paisaje ocupa un lugar importante en tus películas. En concreto, la presencia del agua, que se relaciona con la música a través de las ondas.
Me gusta la idea de filmar paisajes como rostros y rostros como paisajes. Lo del agua viene de mis sueños: sueño mucho con el agua. En mis sueños, buceo mucho y voy a otros mundos. Lo curioso es que, en la vida real, nado muy mal. [Ríe] Quizás nos atraen cosas que se nos escapan.

«Florecita» (2021), de Anahit Simonian
En Florecita, la historia se sitúa en un tiempo en que la guerra ya no existe. ¿Qué papel juega la memoria histórica en ésa y en otras piezas? ¿Tiene algún impacto la historia de tus raíces?
Probablemente tiene un impacto muy grande. Siendo de origen armenio, una lleva toda la vida el sello de venir de un pueblo que sufrió el primer genocidio del siglo XX. Es muy importante recordarlo. Y me preocupa que nos hayamos acostumbrado tanto a vivir en un mundo donde constantemente pasan tragedias y que ya ni siquiera visualicemos otro mundo en el que todo podría estar en armonía. Es muy importante entreverlo, soñarlo; no importa que lo llamen utopía. Florecita es como un mero ensayo, ni siquiera es una película; pero creo que es importante compartirla porque, en este mismo momento, la parte más sagrada de Armenia ha quedado en manos de Turquía y 120.000 personas han sido desplazadas.
Has hablado de la influencia de Maya Deren y veo también mucha de Agnès Varda, José Luis Guerin o Víctor Erice. ¿Hasta qué punto eres consciente de tus referentes, hay alguien que consideres una inspiración directa?
Sinceramente, no. Sería importante mencionar también a Andrei Tarkovsky, que fue para mí una revelación. Y una de las mayores influencias que he tenido en mi vida es Ray Bradbury. Probablemente por su manera de contar historias: él narra desde un verano o una primavera eterna. Tanto su ciencia ficción como otros de sus relatos hablan de esa luz interna que buscamos toda la vida y no sé cómo se llama: amor, serenidad, armonía…
¿Cómo has vivido la experiencia de componer primero para cineastas como Lacuesta, Guerin o Celia Rico, y después componer para tus películas?
En el cine, me resulta mucho más inspirador trabajar para otras personas porque te llevan a lugares desconocidos, te enfrentan a tus límites y contradicciones, te abren un camino… En el caso de Ikarus (2014), de Isaki Lacuesta, no se trató de un encargo sino al revés: yo escribí la música, se la mandé y le propuse hacer una película. ¡Fue mi encargo! [Ríe] Y tanto con Guerin como con Meritxell Colell, Celia Rico o María Mauti ha sido un gran placer trabajar, más que en mis películas. En el largometraje que estoy haciendo voy a componer, pero habrá también música de otras personas. Y me gustaría que, en la siguiente, yo ya no sea la autora de la música en absoluto.

«Primeras impresiones» (2014), de José Luis Guerin
Háblame de La cuerda invisible, ese proyecto de largometraje que va a producir Lluís Miñarro, ¿no?
Lo llamamos un documental de ciencia ficción. Tiene algo de verídico, muchas cosas que parecen reales no lo son, las que parecen más improbables son reales… Y aparecerá una máquina para viajar en el tiempo que están construyendo mi pareja y mi hijo desde hace años. Es un proyecto en el que quiero hablar a la vez de música, de qué es la paz, de que todos nos transformamos en otras personas a través de la relación de mi padre con mis hijos.
¿Cuál ha sido tu vínculo con la Filmoteca de Catalunya? He tenido la suerte de verte tocando en proyecciones de películas de Germaine Dulac, por ejemplo.
Me ha aportado muchas cosas. Hace casi diez años que colaboro con ellos. De entrada, es el único lugar al que vuelvo constantemente. Me siento bienvenida; para una nómada como yo, es una referencia, un lugar estable, una casa familiar a la que volver. Y el hecho de que me ofrezcan tocar sobre películas mudas -más de cincuenta en los últimos diez años- supone un laboratorio preciosísimo para mí. En cuanto al ciclo que me dedica la Filmoteca de Catalunya, es una oportunidad de compartir mi trabajo con el resto del mundo.
© Mireia Iniesta, abril de 2026

Foto: Óscar Fernández Orengo
