Hacia una imagen no-tiempo

I Am a Passenger …

Click here for the English version

La crítica es el arte de pasar de una película a la siguiente. No en el sentido banal, profesional y puramente contingente de ver un filme tras otro (filmes que, a menudo, ni siquiera elegimos nosotros). Lo que hace la crítica, por el contrario, es intentar tomar esta contingencia —el requisito externo de contemplar constantemente una cadena de películas en secuencia— y convertirla en un arte. Un arte de la comparación, de la asociación, de la interconexión… utilizando un filme como trampolín hacia el siguiente, apropiándose de este último para reformular el anterior, y así sucesivamente, formando círculos cada vez más grandes.

Una de las bellezas de este espléndido libro de Sergi Sánchez es la grácil forma en que conecta un filme con otro, haciéndolos girar juntos. Por regla general, a los libros sobre cine les gusta mantener las cosas pulcras y compartimentadas: toman las películas una a una, abordan un filme por capítulo, o bien optan por grupos claramente definidos (remakes, secuelas, un subgénero, un conjunto de obras cercanas en el tiempo que tratan un tema similar). Este libro no. Sánchez pasa de Jorge Luis Borges a Psicosis (Psycho, 1998) —el remake de Gus Van Sant—; de Alain Robbe-Grillet a Brian De Palma y, luego, a las Histoire(s) du cinéma (1988-98) de Jean-Luc Godard; de Henri Bergson y Gaston Bachelard a Tsai Ming-liang; de La calle de la vergüenza (Akasen chitai, Kenji Mizoguchi, 1956) a Waking Life (Richard Linklater, 2001). El viaje es cautivador, y siempre sorprendente e instructivo.

Imagen-No-Tiempo-1

Sánchez es un hombre tanto de crítica como de teoría. Al crítico que hay en él le gusta (y se le da muy bien) el análisis vívido y afilado de cada filme que pasa ante sus ojos; además, posee ese espíritu inquieto que le permite, después, moverse hacia adelante, avanzar hacia otra película que, al entrar en contacto con la primera, produce una luz que enriquece a ambas. El teórico que hay en él es un lector,  ávido y concienzudo, del filósofo Gilles Deleuze: de sus célebres libros sobre cine (La imagen-movimiento y La imagen-tiempo), de su amplia obra filosófica (que se extiende desde los 50 hasta su suicidio en 1995) y, también, de los escritos de muchos otros que, posteriormente, han reciclado o discutido con su Maestro.

Las películas vienen con ideas incrustadas. Como muchos deleuzeanos, Sánchez se debe de haber preguntado: ¿qué habría dicho Deleuze sobre los filmes que nunca vio (o que ignoró, como en el caso de Raúl Ruiz)? ¿Qué pensaría de las películas que se hicieron tras su muerte? ¿Qué opinaría del novísimo cine americano y de la revolución digital? Hacia una imagen no-tiempo no es, gracias a Dios, una simple extensión, aplicación o ilustración de las teorías del cine de Deleuze que se limita a  usar ejemplos más recientes (como tienden a ser la mayoría de escritos académicos sobre este filósofo). No estamos ante el tipo de estudio que se contenta con decirnos que Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michel Gondry, 2004) es, como tantas otras películas contemporáneas comparables, otra confirmación de la idea de una imagen-cristal: tiempos pasados, presentes y futuros, realidades reales y virtuales, experiencias horizontales y verticales, todo ello estratificado en un mismo bloque —como en el cine de Alain Resnais, el ejemplo favorito de Deleuze—.

Sánchez siente un enorme respeto por el venerable y vitalista filósofo que es mencionado en el subtítulo de su libro, y sus resúmenes de conceptos difíciles son envidiablemente lúcidos y accesibles. Pero también se atreve a ir un paso más lejos  (el lema de Madness), llevando a Deleuze más allá de Deleuze, hasta el desafiante reino de lo contemporáneo. Para utilizar a Deleuze, de manera real y efectiva, en el cine debemos transformarlo desde dentro (igual que otros, como Patricia Pisters, están haciendo en este momento), debemos conseguir que sus libros sobre cine muten en respuesta a un paisaje audiovisual cambiante.

Ya no hay solo un tipo de imagen-tiempo. Sánchez nos conduce a través de las muchas y alucinantes variedades desplegadas por filmes de la pasada década: el tiempo reencarnado, el tiempo restaurado, el tiempo duplicado; el tiempo cíclico, el tiempo muerto, el tiempo de la interrupción, el tiempo femenino… Y también hay algo radicalmente nuevo: la imagen no-tiempo que es, propiamente, la imagen digital. Este nuevo tipo de imagen no es algo que encontramos solo en obras experimentales o en piezas especiales de videoarte; su presencia y tono, su influencia y acción es sentida en todas partes, de los trepidantes diálogos de La red social (The Social Network, David Fincher, 2010) a la multiplicación de pantallas de Femme Fatale (Brian de Palma, 2002), pasando por los personajes dobles/espejo de Gerry (Gus Van Sant, 2002) y Mulholland Drive (David Lynch, 2001). En el reino del no-tiempo, las nociones tradicionales de profundidad, causalidad, psicología individual, etc. han sido despedazadas y dejadas atrás; Sánchez se adentra en los nuevos tipos de experiencias, posibilidades y subjetividades estéticas que están floreciendo tras esta muerte excesivamente melodramatizada.

En estos días, es un lugar común oponer radicalmente el índice cinematográfico (como rastro o impresión de la realidad) al píxel digital (como abstracción codificada ex nihilo). Sin embargo, esta transición es más gradual y compleja, y pasa por la fase de la señal electrónica de la televisión y del vídeo. Sánchez se detiene en los momentos cruciales de esta evolución, desde El misterio de Oberwald (Il mistero di Oberwald, Micheangelo Antonioni, 1980) y las series para televisión realizadas por Godard en los 70, al movimiento Dogma y los filmes Five (2003) y Ten (2002) de Abbas Kiarostami, llegando hasta las ficciones recientes de Michael Mann y David Fincher, los documentales de Wang Bing y la obra de Pedro Costa.

Imagen-No-Tiempo-2

Ninguna gran declaración sobre el digital (sea en boca de Fredric Jameson, Slavoj Zizek o los recientes editores de Cahiers du cinéma) es tomada como absoluta o definitoria, pero cada tendencia produce interesantes posibilidades estéticas y narrativas que son observadas y apreciadas por Sánchez. Si Una pareja perfecta (Un couple parfait, Nobuhiro Suwa, 2005), por ejemplo, usa el tipo de planos abiertos, improvisaciones actorales y tomas largas permitidas por la filmación digital, también ofrece una nueva definición de la preciada sustancia de la realidad de André Bazin. Porque, ahora, esta realidad que debemos reproducir es, en sí misma, discontinua, sin profundidad, llena de agujeros, de zonas oscuras y extrañas de acción e inacción. Sánchez está tan interesado en la muerte digital como en la vida digital porque busca las claves de la sabiduría tanto en George Romero como en Giorgio Agamben. Al mismo tiempo, el autor permanece alerta a la atracción y a la trampa de “la nostalgia por la imagen-movimiento” (*) que da forma a otra faceta de la producción digital actual.

En las páginas que cierran su proposición/tesis, el libro rebobina hasta la productividad de las sugerentes formulaciones de Deleuze. Sánchez imagina al espectador contemporáneo como alguien en “un estado de disolución, abandonando su condición como sujeto para transformarse en un flujo de la conciencia, en un Cuerpo sin Órganos donde es difícil discernir el punto-límite entre la mirada y la pantalla” —y, por lo tanto, en un estado de “devenir-mujer”, tal y como es encarnado por Laura Dern en Inland Empire (David Lynch, 2006)—. El propio cine, como medio y como forma de expresión, es captado en el momento de su actual transición, transportado hacia el futuro por un “deseo vectorial”. Sánchez no es ni moralista ni pesimista respecto a estos cambios, y eso es refrescante.

En realidad, Gilles Deleuze es un teórico que congenia bien con los críticos de cine, mucho más que Lacan, Badiou, Latour u otros que le son cercanos desde una perspectiva filosófica, cultural o histórica. Sus ideas (y las que acuñó en colaboración con Félix Guattari) son libres, inventivas, generosas, seductoras, sistemáticas pero no dogmáticas. Cuando yo tenía 20 años, soñaba con escribir un largo manifiesto deleuzeano que se titularía Deseos, Máquinas, Cines. En lugar de eso, terminé escribiendo una breve reseña deleuzeana de Salve quien pueda, la vida [Sauve qui peut (la vie), Jean-Luc Godard, 1980]. El crítico en activo venció al teórico en ciernes que había en mí. No hay problema: Sergi Sánchez ha escrito, finalmente, el libro que yo soñé con escribir. Él ha convertido lo virtual en real: Deleuze y el cine no meramente actualizados, sino transformados. Todos podemos aprender mucho de Hacia una imagen no-tiempo.

Traducción: Cristina Álvarez López

 

Texto original © Adrian Martin, enero 2014 || Traducción al español © Cristina Álvarez López, enero 2014

 

separador

(*)SÁNCHEZ, Sergi: Hacia una imagen no-tiempo. Deleuze y el cine contemporáneo, Oviedo: Ediciones de la Universidad de Oviedo (2013). Todas las citas de este texto provienen de la misma fuente.

 

separador

 

Hacia una imagen no-tiempo:

I Am a Passenger …

Click aquí para la versión en español

Criticism is the art of passing from one film to another. Not in the banal, professional, purely contingent sense of having to see one film, and then the next one … films that are, often, not of our choosing. Rather, criticism tries to take that contingency – the external requirement to constantly view a string of films in sequence – and turn it into an art. An art of comparison, association, networking … using one film as a stepping stone to the next, and the next as a way of reframing the last, over and over, and in ever-widening rings …

One of the beauties of this splendid book by Sergi Sánchez is the way it gracefully connects one film to the next, and keeps looping them together. Film books, as a general rule, like to keep things neat and clean: they take one film at a time, one per chapter; or a clearly defined group of films (remakes, sequels, a sub-genre, or films that all happened to appear at the same moment around a similar theme). Not this book. It passes from Jorge Luis Borges to Gus Van Sant’s Psycho remake (1998); from Alain Robbe-Grillet to Brian De Palma and then to Jean-Luc Godard’s Histoire(s) du cinéma (1988-98); from Henri Bergson and Gaston Bachelard to Tsai Ming-liang; from Kenji Mizoguchi’s Street of Shame (Akasen chitai, 1956) to Richard Linklater’s Waking Life (2001). The ride is captivating, always surprising and informative.

Imagen-No-Tiempo-1

Sánchez is a man of both criticism and theory. The critic in him is fond of (and very good at) sharp, vivid analysis of each film that comes before him – and he is also full of that restless spirit to then move on, move ahead to another film that can offer a mutually enriching illumination in comparison with the first. The theorist in him is a close, avid reader of the philosopher Gilles Deleuze: both his celebrated Cinema books (two volumes) and the wider set of philosophical writings from the 1950s until his death from suicide in 1995 – as well as the commentaries of many who have recycled or taken issue with their Master.

So the films come with ideas embedded in them. Like many Deleuzeans, Sánchez has probably wondered: what would Deleuze have said about the films he never saw (or ignored, as is the case with Raúl Ruiz), or the films that came after him? What would he make of the Newest American Cinema, or the digital revolution? Hacia una imagen no-tiempo is not (thank god) a simple extension, application or illustration of Deleuze’s cinema theories, using newer examples – as so many academic commentaries on this philosopher tend to be. It is not the kind of study that is content to tell us that Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004), or countless other comparable, contemporary examples, is yet another confirmation of the idea of a crystal-image (past, present and future times, actual and virtual realities, horizontal and vertical experiences, layered into one block – as in Deleuze’s favourite example of Alain Resnais).

Sánchez has enormous respect for the venerable, vitalist philosopher named in his book’s subtitle – and his summaries of difficult concepts are enviably lucid and accessible. But he dares the one step beyond (the Madness motto) of taking Deleuze past Deleuze – and into the challenging realm of the contemporary. To really, effectively use Deleuze-on-cinema, we have to transform Deleuze from within (as others, such as Patricia Pisters, are also doing at the moment), causing the Cinema books to mutate in response to a changing audiovisual landscape.

There’s not just one kind of time-image anymore. Sánchez takes us through the many, mind-boggling varieties on display in films of the past decade or so: time reincarnated, restored, duplicated; cyclical time, dead time, time of interruption, feminine time …  And there is also something radically new: the non-time image, which is properly the digital image. And this new type of image is not only something we find in experimental media works, or special pieces of video art; its presence and tone, its influence and action are felt everywhere, from the rapid-fire delivery of dialogue in David Fincher’s The Social Network (2010) to the multiplication of screens in De Palma (Femme Fatale, 2002) or twin/mirror characters in Van Sant (Gerry, 2002) and David Lynch (Mulholland Drive, 2001) … In the realm of non-time, traditional notions of depth, causality, individual psychology (and so on) are in pieces, left far behind; Sánchez delves into the new kinds of aesthetic experiences, possibilities and subjectivities that are blossoming in the wake of this over-melodramatised ‘death’.

It is commonplace, these days, to dramatically oppose the cinematographic index (as trace or impression of reality) to the digital pixel (as coded abstraction ex nihilo) – but the transition is more gradual and complex than that, passing through the electronic-signal phase of TV and video. Sánchez rests at the significant pit-stops in this varied development, from Michelangelo Antonioni’s The Oberwald Mystery (Il mistero di Oberwald, 1980) and Godard’s TV series of the ‘70s, through Dogme and Abbas Kiarostami’s Five (2003) and Ten (2002), and coming to recent fictions by Fincher and Michael Mann, the documentaries of Wang Bing, and the work of Pedro Costa.

Imagen-No-Tiempo-2

No grand statement about the digital (whether from the mouth of Fredric Jameson, Slavoj Zizek or the more recent editors of Cahiers du cinéma)  is taken as absolute or defining – but each tendency produces intriguing aesthetic and narrative possibilities that are noted and appreciated. If Nobuhiro Suwa’s A Perfect Couple (Un couple parfait, 2005), for instance, uses the open frames, actorly improvisations and long takes allowed by digital filming, it also offers a new definition of André Bazin’s cherished substance of reality – because now this reality that has to be rendered is itself discontinuous, depthless, full of holes and strange, obscure zones of action and inaction. Sánchez is as interested in digital death as he is in digital life – because he searches for the keys to wisdom as much in George Romero as in Giorgio Agamben. And he is also alert to both the attraction and the trap of  “nostalgia for the movement-image” (*) that forms another strand of present-day digital production.

The book, in the closing pages of its proposition/argument, winds back to the productivity of Deleuze’s suggestive formulations. Sánchez evokes the contemporary spectator as someone in “a state of dissolution, abandoning his condition as subject in order to transform himself into a flux of consciousness, into a Body Without Organs where it is difficult to discern the limit-point between the gaze and the screen” – and thus in a state of “becoming-woman”, of the kind we see embodied by Laura Dern in Lynch’s Inland Empire (2006). And cinema itself, as a medium and a means of expression, is grasped in the moment of its current transition, riding a “vectorial desire” into the future. Sánchez is refreshingly non-moralistic and non-pessimistic about these developments.

Gilles Deleuze is, in truth, a congenial theorist for film critics – far more so than Lacan, Badiou, Latour, or countless others in his philosophical, cultural or historical proximity. His ideas (and those he coined in collaboration with Félix Guattari) are free, inventive, generous, inviting – systematic, but not dogmatic. When I was 20 years old, I dreamt of writing a long Deleuzean manifesto titled Desires, Machines, Cinemas. I ended up writing a short Deleuzean review of Godard’s Sauve qui peut (1980) instead – the working critic in me won out over the budding theorist. No problem: Sergi Sánchez has finally written the book I dreamt of writing. He has turned the virtual into the actual: Deleuze-and-cinema not merely updated, but transformed. We can all learn a lot from Hacia una imagen no-tiempo.

 

© Adrian Martin, January 2014

 

separador

(*) SÁNCHEZ, Sergi: Hacia una imagen no-tiempo. Deleuze y el cine contemporáneo, Oviedo: Ediciones de la Universidad de Oviedo (2013). All subsequent quotations are derived from this source.