Touki Bouki / Mille soleils

Hay un barco que sale mañana

 

Hay cuarenta años de diferencia entre Touki Bouki (Djibril Diop Mambety, 1973) y Mille soleils (Mati Diop, 2013). Touki Bouki es un clásico del cine senegalés. Mille soleils es la asimilación de ese clásico. Ni regreso, ni homenaje, ni revisión, ni variación. Mille soleils es un entendimiento, un acto de conciencia. Una película que habla de otra película. Una película que lleva en su interior otra película. Una imagen que nace de otra imagen a la que le debe todo.

Azul, roja y febril, en el año 73 Touki Bouki parecía Pierrot le fou (Jean-Luc Godard, 1965). El cielo de la sabana salpicado de sangre; dos fugitivos; una carrera alucinada por las calles de Dakar… Anta y Mory querían abandonar el país y pasear por los Champs-Élysées. Idealistas, sin dinero, deciden dar un golpe y huir en el próximo barco. Pero en el último momento, a Mory le entra miedo y echa a correr de vuelta a casa. Anta, que observa atónita desde la cubierta, se marcha sola. Touki Bouki fue una novedad absoluta en el cine africano de la época. Militante, vanguardista… Mambety era un moderno, y su cine, poético y político a la manera de Godard o Pasolini.

Cuarenta años después aparece Mille soleils. Mati Diop, sobrina de Djibril, es la autora de esta ópera prima brillante (1). Como un cuchillo, el primer plano de Touki Bouki abre y atraviesa Mille soleils. El mismo rebaño que marcaba el inicio y el final del viaje de Anta y Mory, inalterable (2). Es una brecha en la imagen nueva, un gesto que inicia el diálogo entre las dos películas.

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Al frente del rebaño, Magaye Niang, el hombre que interpretó a Mory. Más viejo, más orgulloso, el mismo hombre. Y Mati Diop ha ido a su encuentro porque Magaye es el eslabón para comprender la historia de la familia Diop y, en última instancia, la de Senegal, la de los que se fueron y los que se quedaron.

Mille soleils no fascina por su naturaleza incierta de realidad o ficción, sino por la naturaleza incierta de su personaje, secuenciapues Magaye se ha apropiado de Touki Bouki y la justifica. Porque la ha vivido, le pertenece. Y preguntarnos cuánto hay de verdad en ello sería impropio.

Touki Bouki renace en Mille soleils, que se proyecta en un cine al aire libre en Dakar. Y Magaye aparece entre el público como una vieja gloria: “¿Veis a ese de ahí, el actor de la película? ¡Soy yo!”. Aunque no parece muy seguro de reconocerse. Touki Bouki brilla en esa plaza oscura. Dakar apenas ha cambiado, solo es menos rural y más ruidosa. “¡Francia, aquí venimos!”. El público escucha a Anta y a Mory.

Poco antes, de camino a la proyección, en esa bella secuencia que va dejando mil soles atrás, el taxista pone las cartas sobre la mesa: “Nosotros estamos gritando en la plaza de Soweto mientras vosotros solo pensabais en bailar”. En realidad, el discurso de Mati Diop sigue siendo el mismo que el de su tío Djibril, lo único que ha cambiado es la forma de presentarlo. Cuarenta años después, se sigue denunciando la utopía de huir hacia Europa y abandonar el país en manos de un poder corrupto.

Pero frente a la imagen sublime y cinematográfica de Touki Bouki, heredera del western y la nouvelle vague, la de Mille soleils es oscura y porosa,máspróxima a las texturas que documentaron revueltas como las de la plaza Tahrir, la Puerta del Sol o Wall Street; como la de Soweto.
En 1973, los rostros y los cuerpos destacaban sobre el paisaje, filmado en Eastmancolor. Hoy, la fuerza de los gestos se pierde en la noche y el hombre se mezcla entre la comunidad, porque la postmodernidad es oscura.

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Magaye ha vuelto a ver a Anta, en el cine, (tal vez) después de mucho tiempo. Decide llamarla por teléfono. Ahora vive en Alaska. Y su voz al otro lado inspira un encuentro imaginario. La llamada se ha cortado y Magaye sale del locutorio algo aturdido. Entre la multitud del mercado cree ver a Mory, a bordo de aquella moto legendaria adornada con cuernos de vaca y una cruz dogón (3) en el respaldo. Su mirada es desafiante y acusadora (¿me reconoces?, ¿en qué te has convertido?, ¿por qué la dejaste partir?).

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Anta reaparece caminando entre la nieve. Como una pantera, sensual y silenciosa (el sonido casi ha desaparecido), desciende desnuda la montaña blanca.

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(1) La noche de su estreno en París, en el marco de Un Nouveau Festival del Centro Pompidou, Mille soleils se proyectó junto al cortometraje Atlantiques (2009). Contaba Mati Diop que también para ella era la primera vez que iba a ver juntas esas dos piezas, y que esperaba que funcionasen bien como un todo. Tiempo después, cuando me decidí a escribir este texto, revisé Mille soleils y eché de menos una escena que transcurre frente a un fuego; en ella, un grupo de jóvenes habla de coger el próximo barco a España. Esta image manquante era Atlantiques. De forma consciente o no, Touki Bouki ya estaba presente en ese corto y, de la misma manera, Mille soleils no existiría sin él. Cuarenta años después, el horizonte se recrudece y la utopía de la tierra prometida se convierte en el drama de la inmigración.

(2) Al aparecer al principio y al final, el rebaño funcionaba como un bucle que sugería que Touki Bouki podría terminar y comenzar otra vez, quizá con un desenlace diferente. Mille soleils se sitúa justo después del bucle como uno de esos posibles desenlaces.

(3) Los dogones son un grupo étnico que habita la región central de Malí. Esta cruz distintiva que hace referencia al mito de la creación: su parte superior simboliza el mundo de lo sobrenatural y la inferior, el de lo terrenal.

 

© Andrea Franco, mayo de 2014.