The Colony / The Battery / El desierto

Postapocalipsis

 

En los últimos años vivimos el auge temático del Fin del Mundo con propuestas de muy diversa índole. Tras haber sobrevivido al 2012 y a las profecías de Nostradamus, la sensación de optimismo no es tal como la podríamos haber imaginado; nos queda un mundo arrasado (metafóricamente, pero tampoco tanto) en el que no vemos posible regresar al estado previo.

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Por ahora son tres las propuestas vistas que lidian con el postapocalipsis en este Sitges. La primera, The Colony, ha pasado sin pena ni gloria en parte porque explota una serie de referentes clásicos de la ciencia ficción, lo que genera una incómoda y constante sensación de déja vu. De La cosa toma prestado el escenario gélido, de Mad Max el concepto de grupos que aprovechan el caos para reinar sobre otros… y así un suma y sigue de referentes amalgamados para ofrecer un producto entretenido pero manido.

the-batteryEn The Battery nos encontramos con dos amigos que han sobrevivido juntos al Apocalipsis zombi. La máxima preocupación de Ben es, precisamente, continuar sobreviviendo, afrontando la nueva situación aceptando que el mundo ha cambiado. Mickey, en cambio, mantiene la esperanza de encontrar a seres queridos con vida, se ancla en el pasado y se nutre de la nostalgia. The Battery es una película íntima, no hay grandes escenas de acción y a duras penas las hay con zombis, ya que el acento recae en la relación de esos dos amigos y sus dispares puntos de vista: uno quiere andar, seguir el camino, transitar sin parar, mientras que el otro preferiría establecerse en un lugar. La película, pese al constraste que enfrenta la dureza de su propuesta con el optimismo de sus imágenes y su música, tiene un tono agridulce, de road movie con tintes existencialistas. Es en ese equilibro y en su minimalismo (por el que muchos han considerado la película del subgénero del mumblecore) donde The Battery crece; no pretende mucho más que explorar sin dramatismos el fin tras el fin. La secuencia final, de hecho, es un buen ejemplo de cómo Jeremy Gardner (director y protagonista) logra manejar el drama sin caer en lo soez ni en lo sensacionalista.

el-desiertoAlgo más anecdótico incluso es el postapocalipsis de El desierto. Christoph Behl sitúa su filme en un mundo desolado en el que tres amigos (dos chicos y una chica) se han confinado en una casa para sobrevivir al desastre. La creación de unas normas con que gobernar el nuevo statu quo, las redecillas emocionales que derivan en triángulo amoroso, las envidias y frustraciones, y la animalización del otro cuando está infectado son los temas reales de este filme arenoso, de factura sucia y a flor de piel. El calor y el sudor son compañeros de excepción para una película que trata que empaticemos con sus personajes a través de unas cintas de vídeo que ellos mismos graban a modo de confesionario. No es en vano que use la palabra «confesionario», nombre que recibe el lugar en que los concursantes del programa Gran Hermano disfrutan de intimidad y charla relajada con los responsables del concurso. Y no es ven vano, decía, porque El desierto funciona un poco como dicho programa, un drama rosa de gente encerrada en un lugar que focaliza su actividad en los conflictos interrealacionales. De hecho, que los personajes se queden encerrados prácticamente durante toda la película (con una sola salida durante todo el metraje y por motivos de juego) me parece una metáfora fantástica para el filme, encerrado en sí mismo, en su lógica interna de personajes que se relacionan entre sí; en cambio, el constante fluir de The Battery habla de una película que cuestiona y busca a través de Ben y Mickey lo que nos hace humanos y cómo esa concepción cambia cuando el paradigma se modifica. Dos propuestas sencillas en su construcción pero que miran muy diferentes objetivos.

© Mónica Jordan, octubre 2013.