Searching for Sugar Man

Un rockumental atípico

 

En su edición de 2012, y con objeto de conmemorar su décimo aniversario, el festival barcelonés In-Edit Beefeater, dedicado exclusivamente al documental musical, planteó una gran encuesta entre decenas de especialistas para elaborar una lista con los cien mejores rockumentales de la historia. El resultado fue llamativo: de los veinticinco primeros, casi la mitad (doce) estaban realizados a partir del año 2000. Una prueba concluyente del auge reciente del género, que es también uno de los principales síntomas de la obsesión por el pasado que vive el entorno musical en el nuevo siglo, y que Simon Reynolds recoge en Retromanía (1), su completo ensayo acerca del fenómeno.

Según el ensayista británico, hay tres motivos fundamentales que justifican tal auge: “Una de las razones del boom es económica. Con sus pequeños equipos y sus presupuestos bajos (no requieren guiones, actores, trajes, atrezzo ni efectos especiales), son películas que cuestan muy poco. Para muchos documentales de rock, uno de los gastos más grandes es el material de archivo” (2). Más adelante, añade: “Otra de las razones del ascenso de los documentales de música es que cada vez hay más oportunidades para que sean exhibidos y vistos. No tanto en los cines (aunque algunos lleguen a estrenarse comercialmente con éxito), como gracias al aumento de canales de cable y televisión digital. Aunque a menudo sirven para rellenar huecos en la programación, los rock docs también son un medio para atraer a maduros baby-boomers y al público joven. Los primeros disfrutan rememorando hasta el cansancio la era clásica del rock que vivieron; los segundos disfrutan hasta el cansancio la era clásica del rock que no vivieron” (3). Finalmente, aduce un tercer motivo: “El envejecimiento de la generación baby-boomer (y de su inmediato descendiente/prolongación, la generación punk) es otra explicación para el boom. La gran mayoría de los rock docs todavía se ocupa de los sesenta y los setenta, una época que puede ser refrita de manera ilimitada” (4).

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 Más allá del enfoque con que se pueda abordar el asunto escogido en cada película (de la mirada crítica o irónica a la meramente expositiva o nostálgica), los argumentos se ajustan a una gran parte de la producción rockumental de los últimos años.

 

Una feliz excepción

En esa misma edición del festival, resultó triunfadora Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012), una película que se asoma a los años setenta, pero se sitúa fuera de los márgenes del género tal como lo enfoca Reynolds. No es casual que su productor principal sea Simon Chinn, involucrado en otros documentales de interés como el oscarizado Man on Wire (James Marsh, 2008), Proyecto Nim (Project Nim, James Marsh, 2011) o The Imposter (Bart Layton, 2012).

La cinta de Bendjelloul (un director sueco que ha trabajado principalmente en televisión) se ha convertido en todo un acontecimiento (nominación al Oscar incluida) por sacar a la luz la figura de Sixto Rodríguez, un cantautor de los setenta desconocido hasta ahora. Al menos fuera de los circuitos especializados, ya que sus dos álbumes fueron redescubiertos a través de la reedición discográfica en 2008, pero entonces no provocaron el revuelo (Rodríguez actuará en la próxima edición del festival Primavera Sound) que ha causado un filme sin duda excepcional, cuya historia hay que ver para creer. Y, aun así, es fácil que el espectador se quede con la duda de si ha visto un documental auténtico o un fake destinado a burlarse de él, porque cuenta una historia tan fantástica que resulta tentador no darle crédito. Sin embargo, todo lo que se ve en pantalla es cierto. Y eso hace que adquiera una trascendencia aún mayor.

La cinta pasó por el festival South by Southwest y los certámenes de Tribeca, Los Ángeles (Premio del Público) y Sundance (Premio Especial del Jurado, del público y Mejor Documental) antes de llegar a In-Edit. Después también triunfaría en Dock of the Bay (San Sebastián). ¿Dónde reside su secreto? ¿De verdad existen motivos para tal unanimidad? ¿Es la música de Rodríguez un tesoro de valor incalculable?

En realidad, la clave está en el modo en que se estructura la película, así como en explotar la baza que supone contar una historia absolutamente desconocida para el público. El filme ofrece la información en pequeñas dosis y en función de su propio interés narrativo, jugando siempre (hay que reconocerlo) con las cartas marcadas, en una feliz combinación de investigación periodística y mecanismos propios del género de suspense. De este modo relata la búsqueda de Sixto Rodríguez, un misterioso cantautor de origen hispano y afincado en Detroit que dejó dos excelentes discos para la posteridad (5) y que después se esfumó de la vida pública. Por puro azar, mientras corrían rumores de todo tipo sobre su muerte, en Sudáfrica sus canciones se convertían en hits masivos y en bandera de los luchadores contra el apartheid. El director se traslada hasta Ciudad del Cabo para seguir su rastro y las revelaciones asombrosas comienzan a sucederse sin que el espectador (al que merece la pena no desvelar más) sea capaz de cerrar la boca ni un momento.

Así, Searching for Sugar Man suma a su condición de documental musical (es una historia sobre los caprichos de la fama y lo aleatorio del éxito) una importante dimensión sociopolítica y un discurso sobre la condición humana centrado en un personaje absolutamente irrepetible, en el que late una conciencia de clase y una dignidad difíciles de encontrar hoy en día. Suya y solo suya es la responsabilidad de que la película trascienda su condición genérica y consiga emocionar como lo hace, articulando, de paso, un comentario complejo, rico y abierto a múltiples lecturas sobre los modos de funcionamiento de una industria, la discográfica, en la que no es oro todo lo que reluce (reveladoras las pesquisa sobre los royalties) y solo es posible saborear la gloria pasando por Estados Unidos.

 

© Eduardo Guillot, febrero 2013

 

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(1) Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado. Reynolds, Simon. Caja Negra Editora. Buenos Aires, 2012

(2) Op. Cit. Página 64

(3) Op. Cit. Página 65 (la cursiva es del autor, no nuestra)

(4) Op. Cit. Página 65

(5) Cold Fact (1970) y Coming From Reality (1971). En una reseña publicada en Rockdelux (Número 267, noviembre de 2008), el escritor Kiko Amat define en estos términos el contenido del primero: “Cold Fact mezcla soul-pop de la Motown, pop transatlántico a lo Turtles/Zombies, rock psicodélico sesentero, Arthur Lee sin residuo mariachi y funk lisérgico a lo Dennis Coffey. Hay pop-folk protesta a lo PF Sloan o Phil Ochs en Crucify Your Mind o This Is Not A Song, It’s An Outburst: Or, The Establishment Blues, un genial recitado con rimas para morirse de risa (the mafia is getting bigger / like polution in the river). Hay hits de pop-soul orquestado con letra explícita (Sugar Man). Hay rock’n’roll ruidoso en Only Good For Conversation, puro Blue Cheer-Cream. Y hay pizpireto pop sixties con la letra sexy en I Wonder”.